
Por: Sergio Oviedo Seas
Director Escuela Ingeniería del Software
Publicado el: 10 de octubre de 2026
Más allá del localhost: donde comienza el verdaderoaprendizaje
Ayer tuve la oportunidad de ser parte del Vision Rover Challenge, organizado por la Universidad CENFOTEC, mi alma mater y una institución de cuyo equipo académico tengo el profundo honor de formar parte.
Tuve la oportunidad de aportar desde mi experiencia, pero también de llevarme grandes aprendizajes. Porque, incluso después de tantos años de vida profesional, sigo encontrando en mis mentores enseñanzas que enriquecen mi camino.
Aprendo de quienes han recorrido un camino más largo que el mío, pero también de mis estudiantes, quienes, con sus ansias de comerse el mundo, buscan constantemente retar lo establecido e innovar. Y eso, en su conjunto, representa el ciclo completo del aprendizaje: tener siempre la humildad de escuchar, aprender y compartir conocimientos con todas las personas con las que tenemos la oportunidad de interactuar.
El reto de ayer me demostró la importancia de ir más allá del localhost, ese entorno local y controlado en el que muchos jóvenes profesionales desarrollan buena parte de su proceso de aprendizaje. Ese espacio donde aparentemente todo funciona, donde construimos proyectos sin mayores limitaciones y donde pareciera que tenemos el control de todas las variables. Pero basta con llevar nuestras soluciones a un entorno real para que aparezcan los problemas y surja una frase conocida por muchos: «Pero en mi computadora todo funcionaba bien».
La vida real está lejos de ser un escenario perfecto. En algunas ocasiones he llegado a pensar que está hecha para ponernos a prueba en cada intento. Por eso, la experiencia, el conocimiento y aquello que nuestros abuelos llamaban «malicia indígena» adquieren tanta importancia. No basta con saber cómo deberían funcionar las cosas; también debemos estar preparados para cuando no funcionan como esperábamos.
Costa Rica está llamada a ser un jugador importante a nivel mundial, a competir sin miedo y a jugar en las grandes ligas. Tenemos numerosos ejemplos de costarricenses que han triunfado dentro y fuera de nuestras fronteras, pero esos logros no son simplemente producto de la suerte.
Son el resultado de preparación, esfuerzo, conocimiento y, sobre todo, de un trabajo incansable que exige sacrificios en distintos ámbitos de nuestra vida.
El Vision Rover Challenge, dirigido a estudiantes universitarios, y el SumoBot, dirigido a estudiantes de colegios, van mucho más allá de ser actividades de proyección institucional. Son espacios de aprendizaje que buscan llevar a nuestros estudiantes y futuros líderes de la industria a pensar fuera de la caja, a enfrentarse a escenarios reales donde muchas cosas pueden salir mal y donde debemos estar preparados para afrontar lo inesperado.
Es precisamente en esos escenarios donde se genera una parte importante del conocimiento: en la resolución de problemas que aparecen durante cada etapa del desarrollo. Algunos forman parte de los retos planteados, mientras que otros surgen de manera inesperada, como consecuencia del entorno en el que trabajamos. Resolverlos exige adaptación, flexibilidad, astucia, investigación y mucho esfuerzo, de la misma manera que ocurre diariamente en nuestra vida profesional.
Debemos preparar a nuestros jóvenes para que no tengan miedo de lo nuevo o desconocido, para
que enfrenten los desafíos como parte natural de su formación y se enfoquen en encontrar soluciones adecuadas mediante la investigación, el pensamiento crítico y el uso responsable y ético de las herramientas tecnológicas.
La industria costarricense necesita una academia cada vez más cercana a los escenarios reales. Hoy, más que nunca, necesitamos fortalecer los vínculos entre universidades, empresas y sociedad, entendiendo que la formación del talento y el desarrollo de nuestro país son responsabilidades compartidas.
Ayer encontré una motivación especial, una respuesta a esas muchas ocasiones en las que me he preguntado si realmente estamos logrando generar un cambio.
Ver a jóvenes valientes enfrentarse a desafíos sin miedo, algunos incluso después de muchas horas sin dormir; observar cómo se apoyaban, compartían conocimientos y trabajaban juntos; ver a estudiantes de distintas universidades formando equipos mixtos, dejando de lado las diferencias institucionales para concentrarse en resolver problemas y aprender unos de otros. Todo eso me recordó por qué hacemos lo que hacemos.
Ayer comprendí que sí vale la pena seguir trabajando para generar un cambio.
Esos jóvenes me demostraron que Costa Rica puede quedar en buenas manos. Pero también me recordaron que no podemos hacerlo solos. Como sociedad, academia e industria, debemos trabajar unidos, compartir nuestras experiencias y asumir juntos la responsabilidad de preparar a las nuevas generaciones.
Los desafíos que vienen no serán sencillos. La tecnología seguirá evolucionando, los problemas serán cada vez más complejos y las respuestas no siempre estarán en los libros ni en los entornos controlados donde aprendimos a desarrollar nuestras primeras soluciones.
Si queremos dejarles a nuestros hijos y nietos un futuro lleno de oportunidades, nuestra responsabilidad es preparar el camino y entregarles una brújula bien calibrada para que, con sus propios conocimientos, capacidades y decisiones, puedan construir su rumbo.
Porque al final, el verdadero aprendizaje comienza cuando nos atrevemos a ir más allá dellocalhost.
