
Christian Sibaja
Director de Empoderamiento y Vinculación con IA de la Universidad CENFOTEC.
En muchos cursos de hoy en día, los estudiantes pueden encontrar la respuesta a un ejercicio en segundos. Al mismo tiempo, hoy un docente puede pedirle a una inteligencia artificial que prepare una práctica, un exámen o una presentación en pocos minutos. Todo esto nos abre posibilidades que hasta hace poco parecían lejanas. Pero también nos pone frente a una pregunta que no conviene esquivar: si las respuestas llegan más rápido, ¿estamos aprendiendo mejor?
No se trata de quitarle valor a la tecnología, se trata de mirar lo que pasa después de usarla. Una respuesta correcta no siempre demuestra comprensión; una actividad bien presentada tampoco garantiza que alguien haya aprendido. Podemos incorporar herramientas inteligencia artificial a un curso, pero mantener intacta la misma dinámica de la clase tradicional. Por eso hoy más que nunca, necesitamos preguntarnos: ¿qué queremos que nuestros estudiantes comprendan y sean capaces de hacer?
En la Universidad CENFOTEC, esa inquietud nos llevó a analizar manera de enseñar. Si la información está cada vez más al alcance de todos, ¿qué valor debe aportar una experiencia académica hoy? ¿Qué tendría que ocurrir en un encuentro presencial, sincrónico o asincrónico para que el estudiante deje de ser espectador y tenga que pensar, decidir, construir y demostrar lo que sabe?
De esas conversaciones tomó fuerza el nacimiento de una metodología propia: XperiencEd AI. XperiencEd AI nace de los hallazgos del aprendizaje experiencial de David Kolb y se apoya en la inteligencia artificial para poner el conocimiento en práctica mediante desafíos auténticos y casos reales. La intención no es acelerar las mismas tareas de siempre, sino provocar y aumentar la experiencia de aprender. En ese recorrido, la tecnología ayuda a explorar alternativas, contrastar decisiones y mejorar lo que se construye. ¿Y eso cómo se traduce esto en una clase?
Pensemos en una práctica durante una clase. Si solo pedimos resolver un problema y entregar la respuesta, la inteligencia artificial puede hacer el trabajo. La situación cambia cuando el estudiante debe analizar un problema o caso, asumir un rol, construir un prototipo o desarrollar una simulación que luego debe medir, contrastar y defender. Ya no alcanza con presentar una respuesta: hay que explicar por qué funciona, reconocer sus límites y corregirla cuando falla. Ahí es donde la respuesta se convierte en una oportunidad de aprendizaje.
Diseñar una experiencia así también cambia el trabajo del docente. Explicar con claridad y preparar buenos materiales sigue siendo importante, pero no suficiente. Hace falta para cada encuentro, elegir un reto que tenga sentido, saber cuándo intervenir y acompañar sin resolverlo todo. El docente se convierte en un arquitecto facilitador de experiencias: conecta el aprendizaje con el mundo profesional y ayuda al estudiante a reconocer sus avances y lo que aún necesita fortalecer.
XperiencEd AI organiza este reto académico en tres momentos muy bien definidos. La contextualización despierta el interés, recupera lo que el estudiante ya sabe y plantea un reto significativo desde primicias teóricas. Luego, la sala de experimentación presenta un problema en el que se trabaja, se investiga, se colabora, se ensaya y se producen evidencias de aprendizaje. Por último (aunque siempre presente desde el inicio de la experiencia) llega la metacognición. Es un espacio para detenerse y mirar las decisiones tomadas. No basta con saber si el resultado fue correcto; importa entender cómo se llegó a él y qué se haría distinto la próxima vez.
Vale la pena detenerse en ese último momento. En la vida profesional, los problemas rara vez llegan con todas las condiciones resueltas. Saber reconocer un error, revisar un criterio o aprovechar la retroalimentación puede ser tan necesario como dominar un contenido. Por eso nos interesa formar mejores aprendientes: personas que entiendan cómo aprenden y puedan usar esa comprensión cuando enfrenten un reto nuevo.
¿Y en dónde entra la inteligencia artificial en ese recorrido? Se desarrollaron para esto, métodos y herramientas que propician la experiencia.
El método AI-Coach apoya al docente en la preparación y reflexión pedagógica de la experiencia; el sitio AI-Studio facilita la construcción de aplicaciones y experiencias específicas. DiálogoX permite documentar y conversar sobre lo aprendido, y AI-Mirror fortalece el valioso momento metacognitivo. Cada recurso tiene una función, pero ninguno sustituye la intención pedagógica. Su valor está en lo que ayuda a hacer: formular mejores preguntas, revisar una decisión o comprender algo que antes no estaba claro.
La propuesta se puso en marcha hace varios meses. Más de 100 docentes ya han participado en procesos de capacitación y la metodología se ha llevado a muchos cursos para poner a prueba sus posibilidades. Ese trabajo ha abierto un espacio para reconsiderar prácticas y explorar otras formas de acompañar a los aprendientes. La cifra habla del alcance de la capacitación; el desafío es seguir llevando esa reflexión a lo que ocurre en cada experiencia de aprendizaje en la universidad.
También aprendimos que este cambio necesita espacios de trabajo compartido. Así surgieron los XperiencEd Labs, laboratorios de cocreación donde docentes y aprendientes en conjunto pueden diseñar, experimentar y desarrollar prácticas, simulaciones y artefactos. Una idea que nace en clase puede seguir creciendo allí: se prueba, se mejora y se comparte para que otros aprendientes también puedan aprovecharla.
Esta iniciativa se ha extendido a nuestras microcredenciales, carreras técnicas, bachilleratos universitarios y posgrados. No se trata de trasladar la misma actividad a todos los niveles. Cada uno plantea desafíos distintos y exige ajustar las experiencias. Lo que comparten es el propósito: dar al estudiante oportunidades de aplicar sus conocimientos en situaciones relevantes y mostrar, con evidencias, lo que es capaz de hacer.
Hay, sin embargo, una responsabilidad que no podemos delegar. La inteligencia artificial puede proponer una solución convincente y aún así equivocarse. Cada iteración debe examinarse: puede servir como punto de partida, como hipótesis o como material para discutir, pero no como una respuesta que aceptamos sin cuestionarnos. Argumentar, verificar y decidir sigue siendo tarea nuestra. Aprender a hacerlo es parte de la formación, no un paso adicional.
Por eso sería un error construir el futuro de la educación alrededor de una plataforma. Las herramientas cambiarán; algunas desaparecerán y otras abrirán posibilidades que hoy no imaginamos. Necesitamos que las experiencias de aprendizaje sigan teniendo sentido más allá de esos cambios. Que despierten curiosidad, exijan criterio y den espacio a la creatividad, la colaboración y la autonomía.
En la Universidad CENFOTEC asumimos ese desafío con XperiencEd AI. No entendemos la innovación como una colección de aplicaciones, sino como una revisión profunda de cómo enseñamos y aprendemos hoy.
Esta transformación tendrá que verse en lo que nuestros estudiantes sean capaces de demostrar con apoyo de la tecnología, tanto en el aula como en la vida profesional. Ese será el criterio para evaluar nuestro trabajo. Para acercarnos a él, podemos empezar por la próxima clase: ¿qué experiencia vamos a proponer para que aprender no termine al encontrar la solución?
Somos lo que sabemos, somos la Universidad CENFOTEC.
